Otros acontecimientos de un 20 de Julio en Colombia

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Por Camilo Salazar Ortega. Abogado. Especial para INFORMATIVO WEB del SUR

Otros acontecimientos de un 20 de julio en Colombia
Los festejos con desfiles militares, cantos, danzas y banderas que avivan falsos nacionalismos  con ocasión de los 206 años del grito de una independencia que se vienen enredando desde 1810 y después del triunfo de los ejércitos patriotas,  por  inferioridad  de unas aristocracias hacendatarias  que antepusieron  al sueño grande de Simón Bolívar la mezquindad de sus intereses, contrastan en la fecha de 20 de julio, con los cincuenta y dos años de proclamación del Programa Agrario de los Guerrilleros de las Farc-ep en el año 1964. 

El documento lanzado al país en una fecha histórica,  se produce en medio de una arremetida militar coordinada por el gobierno del presidente Guillermo León Valencia a través su  aparato militar, en concurrencia y con asesoría del Pentágono de los Estados Unidos, en contra de una naciente organización de estirpe campesina que se alzaba en armas como respuesta a la agresión oficial anunciando  desde la emblemática  Marquetalia,  una   propuesta política, que sería el puntal de un  poderoso ejército popular, como el que en la actualidad avanza a la firma del acuerdo para el  fin del conflicto armado en Colombia, con el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos.

El 20 de Julio de 1964 representaba el acumulado de experiencias  del periodo de violencia que corría desde 1948, de las enseñanzas otorgadas  en  la acción política con las masas populares especialmente agrarias y la necesidad de contar con  un programa,  en camino a la toma del poder,  en tanto organización  revolucionaria.  El Programa Agrario de los Campesinos de las Farc, que nace en una de las  primigenias reuniones de construcción organizativa y que fuera ampliado en  la Octava Conferencia Nacional en abril de 1993, lleva impresa las aspiraciones de las capas campesinas agredidas desde ese entonces  por el latifundio,  el despojo violento y la injusticia convertida en ley  y que en el texto del  programa se asienta como una formidable interpretación  de los legendarios  fundadores de la organización,  Manuel Marulanda Vélez,  Jacobo Arenas, Rigoberto Lozada, Isauro Yosa, Isaías Pardo, las combatientes  Miryan Narváez, Judis Grisales, los militantes comunistas  Hernado Gonzalez Acosta y  Miguel Pascuaz, entre otros.

El Programa Agrario inicia dejando  como constancia histórica que el  dialogo ha sido siempre la propuesta desde las Farc, señalando  que desde sus inicios  ha  llamado de todas las formas posibles la  búsqueda  de auxilio para evitar que se ejecutaran actos como el ataque a Marquetalía, avizorando que ese sería la continuación de una confrontación sangrienta, que en efecto se ha prolongado por medio siglo. 

El documento se constituye en la plataforma de una organización revolucionaria de línea comunista, que aspira al poder para el pueblo, sin embargo el programa no representa una proclama de guerra, como quiera que  en su texto se plantea la manifestación  persistente del movimiento y que a lo largo de estos años se ha convertido en la constancia, de que la prioridad en su lucha política  siempre ha sido recurrir  al camino  menos doloroso, a  la vía   pacífica, a la vía democrática de masas, pero que sin embargo ha sido una vía  cerrada violentamente con el pretexto fascista oficial de combatir supuestas “repúblicas independientes” y que igualmente  como revolucionarios  de una u otra manera  estaban llamados a cumplir el  papel que les  correspondía  en la historia, viéndose obligados a buscar la senda  más difícil:  la vía revolucionaria armada para la lucha por el poder.

El programa le anuncia a la nación que  la lucha de las Farc-ep,  ha sido siempre  por el establecimiento de un régimen político democrático que garantice la paz con justicia social, el respeto de los Derechos Humanos y un desarrollo económico con bienestar para todos los Colombianos;  la propuesta  incorpora de manera enfática la lucha histórica de los campesinos por una reforma agraria, democrática e integral, acogiendo puntos que desde ese contexto histórico hasta la fecha no han sido resueltos y que fueron precisamente los que se articularon de alguna forma en el  primer punto a la agenda desarrollada en  mesa de dialogo de la  Habana.

Resulta paradójico, sin embargo es la realidad de un país en el que la negación de los derechos ha sido la regla, que los puntos del programa se sigan reclamando hasta ahora por los campesinos y comunidades rurales  a través de paros masivos en las carreteras de Colombia y que la situación de inequidad, de concentración de la tierra, de despojo, en lugar de resolverse se haya profundizado. Así el Programa señalaba desde 1964  la necesidad de implementar  un nueva política agraria que eleve  verticalmente el nivel de vida material y cultural de todo el campesinado, librarlo del desempleo, el hambre, el analfabetismo y todo aquello que limite su  capacidad de trabajo; liquidar las trabas impuestas por el  latifundismo e  impulsar el desarrollo de la producción agropecuaria e industrial del país. Indica un tema que guarda absoluta vigencia en  las luchas actuales contra  la pretensión en la   ocupación de   tierras por  compañías y capital transnacional,  proponiendo la confiscación en favor de los campesinos.

El Programa Agrario de los Guerrilleros de las Farc-ep reivindica a un sector  que quedó por fuera del ordenamiento constitucional en su condición social de campesinos,  y lo que es más,   han sido llevados al umbral de la criminalidad,  como son los  colonos conducidos  por la fuerza, a la ocupación espacios sobre  la frontera agrícola,  a quienes se convierte  desde la propuesta del programa agrario  en sujetos de derechos sobre la tierra, lo mismo  a  ocupantes,  arrendatarios, aparceros, terrazgueros, agregados, sobre quienes debe pretenderse su conversión en  propietarios. 

Desbaratando mitos, el programa llama a respetar la propiedad y producción a quienes menciona como campesinos ricos,  señala como esencial  el acceso a un sistema de crédito justo y equilibrado,  asistencia técnica, sistemas de irrigación, planificación, centros de experimentación e investigación en favor de los campesinos, mejoramiento de las condiciones de servicios de salud, educación, vías y desvirtúa viejos señalamientos ordenando el respeto y  estabilización de la organización autónoma de las comunidades étnicas, reconocimiento a   sus cabildos, su cultura, su lengua propia y su organización interna.

Termina el Programa Agrario convocando a lo que hasta ahora ha sido una consigna y que el momento llama  a materializar  en  torno a la defensa de la paz con justicia social,  instando  desde ese documento de 1964,  a la  unidad desde campo popular, manifestando que su  realización  dependerá de la alianza obrero-campesina y del Frente Unido de todos los colombianos en la lucha por el cambio de régimen. Única garantía para la destrucción de la vieja estructura latifundista de Colombia.

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